Muchas veces tratamos de encontrar explicaciones a los sucesos dolorosos, a las pérdidas y a los tropiezos que inevitablemente nos esperan día a día.
Y es natural que así nos cuestionemos. Creemos merecer sólo situaciones placenteras y exitosas y entonces surge la pregunta inevitable: ¿Por qué me suceden estas cosas?
Lo que olvidamos es revisa nuestras agendas de buenos propósitos que muchas veces solo queda en eso.
Sin embargo es necesario recordar que todo lo que nos sucede tiene una razón de ser ¿Y si aún poniendo todo nuestro esfuerzo, no obtenemos lo esperado?, se preguntarán algunos. Sólo puedo decirles que ningún tiempo que hayamos vivido a plenitud será un tiempo perdido.Obtendremos de él enseñanzas, experiencias y lo que es más valiosos, habremos logrado templar nuestro espíritu.
Pero, nunca nos sucederá algo tan malo que no nos deje una reflexión oportuna. Después de cada dolor o decepción, detengámonos unos instantes y pasemos en limpio las secuencias que lo antecedieron y también veamos el por qué no salieron las cosas como lo habíamos planeado. Encontramos respuestas insospechadas, y si en el fondo de nosotros subsiste el ser humano bueno y responsable, comprobaremos que quizá, aquello que pretendíamos conquistar no era lo mejor. Quizás aobrepuestos ante lo inevitable, encontremos una razón de ser de los acontecimientos y esta nos sirva para continuar intentando la búsqueda de la felicidad.
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